Historia

Zafra es una de las ciudades de mayor renombre de Extremadura: su situación al sur de la región, al borde de la vieja calzada romana de la Plata (N-630), entre Andalucía, sierracastellarCastilla, La Mancha y el Alentejo, ha convertido a la ciudad en un inevitable punto de referencia para el viajero como lugar de descanso y alojamiento. La monumentalidad de su casco histórico aunque es afamada, no deja de sorprender, a cuantos se detienen a contemplarla, por la calidad y la belleza de sus muestras artísticas. Además, la condición de la ciudad como centro ferial desde el medievo ha permitido que se conozca internacionalmente y sea receptora, en unas fechas determinadas, de un tipo de viajero que busca otro tipo de objetivos, si bien más pragmáticos no menos interesantes.

Cuando las tropas de Fernando III, en el año 1.241, en su avance hacia Sevilla, tomaron el caserío que se extendía en el valle vigilado por el castillo roquero de El Castellar no supuso el final de una época y el inicio de otra, sólo el asentamiento de un nuevo grupo, el cristiano, que llevaba varios siglos al margen de la convivencia que aquí se desarrollaba. No quiere esto decir que los orígenes de nuestra ciudad provengan del tiempo que los musulmanes, inflamados de ardor guerrero, extendieron su civilización por nuestro solar, pues prospecciones arqueológicas en los alrededores nos han desvelado asentamientos de la época del bronce y restos romanos que hablan de la existencia de una Segeda.

En cualquier caso, habrá que esperar a que la dinastía de los Trastámara se haga con las riendas de la Monarquía para que Zafra adquiera un papel cada vez más preponderante en el Sur de Extremadura. El año de 1.394 pasa por ser un hito histórico para la ciudad, fue donada por Juan II (junto con las aldeas de Feria y La Parra y bajo la denominación de Señorío de Feria) a Gomes I Suárez de Figueroa, entonces un adolescente, camarero de la reina de Castilla e hijo de Lorenzo Suárez de Figueroa, Gran Maestre de la Orden de Santiago.

Tras varios titubeos iniciales, los nuevos señores de Zafra decidieron convertirla en el centro de todos sus dominios, que acrecentaron en los últimos años del siglo XIV y durante la centuria siguiente.
arcocuboLa villa fue adoptando una nueva fisonomía acorde al uso que iba a ser destinada: los cambios urbanos comenzaron con la construcción de una muralla, que a modo de cinturón englobó el viejo caserío y amplios espacios vacíos, que se pensaban ocupar con el tiempo. Las obras de la cerca, que nacía con la doble misión defensiva y fiscalizadora, se alargaron desde 1.426 a 1.449. Testimonios de la misma son la callejita del Clavel y las puertas de Jerez y Badajoz (Arco del Cubo).

Cuando en 1.460, los Suárez de Figueroa alcanzaron el título de Condes de Feria ya habían dado a la villa un cierto aire monumental, pues se habían ocupado de levantar grandes edificios destinados a su residencia (Alcázar) y a panteón del linaje (Monasterio de clarisas de Santa María del Valle). Aunque la actividad edificatoria no se paralizó nunca, adquirió un nuevo sentido en los primeros años del siglo XVII. En este nuevo enfoque urbano será determinante el ascenso del linaje en 1.567 a la titularidad ducal y a la grandeza de España, que devenía de la contribución del quinto conde, Gomes III Suárez de Figueroa y Córdoba, a la política de estado desarrollada por Felipe II.

Durante esos primeros años del 1600. La villa verá, entre otros cambios, la reconversión del viejo Alcázar condal en un palacio acorde con los nuevos gustos de la corte de los Austrias, o la terminación de una nueva iglesia mayor que se eleva a Colegial Insigne.

En esos márgenes cronológicos, y bajo el auspicio de la Casa de Feria, se fueron insertando en la trama de la villa establecimientos asistenciales (Hospitales de Santiago, San Miguel y San Ildefonso) y conventos femeninos (clarisas de Santa Marina, terciarias de La Cruz, dominicas de Santa Catalina y Regina Coeli). Extramuros se levantaron los monasterios dominicos de Santo Domingo del Campo y de El Rosario, y de franciscanos de San Benito y de San Onofre de La Lapa.

parador

Inherente a la personalidad de Zafra es la actividad comercial, a la que coadyuvaron las comunidades judía y morisca, asentadas desde tiempos remotos en la villa y amparadas por los primeros Feria. La tutela señorial a la cultura judía propició que, en 1419, se vertiese por primera vez al castellano la Guía de Perplejos de Maimónides, la más antigua de cuantas traducciones se hicieran a lenguas vulgares del "altísimo libro del More". La actividad mercantil encontraba su marco en la Plaza Chica y los soportales que rodeaban a la iglesia medieval, cuya demolición en la segunda mitad del siglo XVI dio paso a la actual Plaza Grande. Fundamentales para el desarrollo del comercio local fueron las ferias y mercados que se celebraron por San Juan, desde 1395, y por San Miguel, desde 1453. Dichas ferias sirvieron en el tiempo como elementos dinamizadores de la incipiente burguesía comercial que aquí se desarrollaba, y que tuvieron su continuación en el numeroso grupo de comerciantes, procedentes de Cameros (La Rioja), que se asentaron en la villa a partir del siglo XVI. El mantenimiento continuado de la actividad mercantil se vio recompensado en tiempos contemporáneos con la concesión Real a Zafra del título de ciudad en 1882, de la Feria Regional del Campo Extremeño en 1966 y de la Feria Internacional Ganadera en 1992.