Rutas urbanas

Ruta de la Zafra Burguesa a pie

Comienzo: Plaza Grande.
Fin: Recinto Ferial.


Recorrido


Zafra, desde antiguo, ha sido un importante centro comercial. En el medievo, sus mercados y ferias fueron muy importantes, tanto por la presencia de una gruesa alhama judía, como por el favor interesado de la Casa de Feria.



Mercados y ferias que aún se mantenían pujantes en el siglo XVII, cuando un contingente de comerciantes riojanos se asentaron en la ciudad e hicieron florecer el comercio local durante los siglos siguientes.



Nuestra época, y sobre todo tras el carismático 1992 en que la ciudad fue sede de la Feria Internacional Ganadera del Quinto Centenario, ha visto como se renovaba ese tradicional carácter comercial y burgués, que la distinguía de su entorno rural. El mercado local tuvo su asentamiento primigenio en las Plazas Chica y Grande, cuyos soportales acogían los negocios de un incipiente comercio comarcal. En la Chica se celebraban desde 1380 los mercados semanales, por lo que allí estaba la oficina del almotacén funcionario encargado de la revisar los pesos y medidas, y tenía grabada en el fuste de una columna la llamada Vara de Zafra, para que el cliente pudiese comprobar directamente la veracidad de la medida del género adquirido.

Ruta de la Zafra Ducal a pie

Comienzo: Palacio de los Duques de Feria
Fin: Monasterio de Encarnación y Mina.


Recorrido


Un paseo por la villa de los Duques de Feria
Este paseo le ofrece la posibilidad de conocer Zafra tomando como eje las muestras artísticas que aún recuerdan su carácter de villa ducal y su vinculación con el linaje de los Suárez de Figueroa, el de la Casa ducal de Feria, durante los siglos XV al XVII.



El paseo debe iniciarse por el Palacio Ducal, actual Parador de Turismo. El núcleo lo constituye el alcázar medieval, mandado construir por el primer Conde de Feria, Lorenzo II Suárez de Figueroa. Las obras comenzadas en 1437 fueron concluidas en 1443, y dieron como fruto una fábrica en la que se aunaban las funciones defensivas y residenciales.



Muy interesantes son las pinturas de la Cámara de la Torre del Homenaje, y el techo holladero del salón principal bajo. En época del segundo conde se completó el edificio con las techumbres mudéjares de la Sala Dorada y de la capilla. En torno a 1600, en tiempos ya del segundo duque, Lorenzo IV Súarez de Figueroa y Córdoba, el vetusto alcázar fue sometido a una profunda remodelación, que fue encomendada a Francisco de Montiel, Maestro Mayor de las obras ducales. Éste procedió a fabricar un patio clasicista de mármol, a elevar dos alas palaciegas con azoteas, a ambos lados de la puerta principal, y otras tantas galerías abiertas a un nuevo jardín, que complementaría a la añosa Huerta Honda como escenario de fiestas y juegos a imitación de la corte.